Lucas 10:25-37
La sociedad en la que vivimos no se caracteriza por su espíritu de solidaridad. Reina a nuestro alrededor, entre otras cosas, la injusticia, la desigualdad, la competencia, la soledad, el sin sentido, todo condimentado con grandes cantidades de egoísmo. Hay un desinterés por el otro, y por sus necesidades, ya sean materiales o afectivas. En una sociedad que se preocupa por mantenerse a fuerza de avances continuos (tecnológicos, científicos etc.) no importa mucho que algunos se queden atrás. Una palabra que explica un poco esta triste situación es “individualismo”. La idea que envuelve es que cada persona, cada individuo, es la única responsable de lograr estar bien en la vida, si alguien está necesitado es porque algo no hizo, o hizo mal, o porque no se esfuerza demasiado, resumiendo, si algo falla es algo que él tendrá, quizá “no le da”, quizá no tuvo “suerte” en cuanto a donde nació, tal vez eligió mal su carrera o su manera de ganarse la vida, etc.…y la comunidad que le rodea no debe intervenir en su situación. Si vemos una necesidad, no tenemos que meternos, no es necesario, no es cosa nuestra, es cosa que tiene que resolver el que la está pasando mal, él se las va a arreglar, y si no, hay bastante gente que se dedica a ayudarles, que esos se encarguen.
Bien, y nosotros como cristianos, ¿cómo actuamos en medio de todas estas ideas? Jesús, nuestro maestro, cuenta en Lucas 10: 30-35, de un samaritano que fue capaz de actuar diferente a lo que se esperaba (porque los samaritanos eran mal vistos por el pueblo judío, no se llevaban para nada bien estos pueblos), cuando todo un grupo de personas no se interesó en ayudar a un hombre que había sido asaltado y herido de muerte. El samaritano de la historia vio a un judío necesitando ayuda y no dudó, actuó sin que nadie se lo pidiera, sin esperar algo a cambio, y además demostró que no hizo una atención “así nomás”, sino que se preocupó por los días siguientes, por lo que tardaría en recuperarse de las heridas, y pagó por adelantado todo lo necesario para que este hombre mal herido tuviera toda la atención necesaria. Linda historia ¿no?
Te invito ahora a que pienses en los que te rodean hoy, tanto familiares como amigos nuestros, (cuanto recuerdos lindos, no?) quisiera que veas más allá de la superficie de lo cotidiano, muchos, pero muchos, puede que no estén pasándola tan bien, muchos están siendo saqueados por la injusticia, golpeados por la desigualdad, sacados fuera del camino por el egoísmo, mal heridos por el individualismo, y victimas de muchísima soledad, y todo pasa frente a nuestras narices… ¿estás dispuesto a arremangarte y ocuparte de ellos?, creo (espero que coincidas conmigo) que no es necesario esperar a que los golpes los tiren al suelo y dejen secuelas o heridas graves, podemos actuar ahora, podemos acercarnos hoy o mañana y escuchar sus necesidades, podemos actuar de una manera diferente a la de esta sociedad.
¿Qué está pasando por la cabeza de nuestros compañeros? ¿Qué los angustia? ¿Qué preocupa a nuestras familias? Dios está interesado en que veamos las necesidades que hay a nuestro alrededor, en la gente que está cerca nuestro y que queremos alcanzar con un mensaje diferente. Debemos ser realistas en las cosas que queremos lograr, digo esto porque se nos abrirán los ojos a muchas direcciones (y es que hay mucha necesidad esperando en los corazones de la gente) y es posible que no sepamos por donde empezar, bien, un primer consejo es que no nos desesperemos en como empezar, comencemos con lo que está a nuestro alcance, sabiendo que de a pequeños pasos se recorren grandes distancias. Podemos ser de gran ayuda a nuestros amigos en las pequeñas cosas cotidianas. Tiro algunos ejemplos: estudiar (a quien no le viene bien una ayudita en esto?) , o en las tareas de la casa (puede que exista una habitación hecha un desastre, cosa común no?, o algo para pintar…) o que le esté faltando algo de ropa, quizá si está muy ocupado y lo podamos invitar algún día a distraerse mirando una película o pasear por algún lugar, tendrá alguna dificultad en su salud (quizá algún familiar o conocido que no se anima a visitar solo) y podamos visitarlo y ayudarlo en alguna tarea; Sin temor podemos averiguar en qué podemos ayudarle y cómo hacerlo sin esperar nada a cambio, éste será sin duda un paso muy grande en el acercamiento del Reino a nuestros amigos.
Señor, Ayúdame a encontrar las necesidades en las que pueda demostrar tu amor en acción.
Por: Gustavo Portillo